Cuentan
que en los tiempos del famoso Imperio de los Incas existía en la ciudad de
Calca, un señor altivo, orgulloso y noble; este hombre se hacía llamar Orcco
Huaranca, y su fama de conquistador y guerrero era conocida por toda la
comarca. Un día, después de sus acostumbradas correrías, trajo consigo a una
niña, fruto de unos amores que él había ocultado. Llamo a la niña Pitusira.
Pasaron los años y Pitusira se transformó en una hermosa doncella; era la Diosa
de Orcco Huaranca, quien la hacía cuidar con 100 doncellas y resguardar con 500
guerreros.
Sahuasiray
y Ritisiray se habían enamorado de la bella Pitusira. Ambos rivales, un día, se
presentaron ante Orcco Huaranca, solicitando la mano de Pitusira. Entonces el
gran cacique les dijo: “Concederé la mano de la bella Pitusira a quien de
vosotros hagáis llegar el agua hasta mi propiedad”.
Ritisiray
había conquistado el corazón de Pitusira; pero ambos tuvieron que llevar a cabo
su audaz empresa. Sahuasiray construyo una represa en una alta montaña, en
donde había una laguna (esta represa hasta ahora existe, siendo una maravillosa
obra de ingeniería).
Ritisiray
hizo llega el agua por las faldas de una montaña que su forma la llaman
“Corazón”. Sahuasiray salió triunfando, al lograr traer el agua desde las
alturas hasta las tierras de Orcco Huaranca.
Pitusira
se casó con el orgulloso Sahuasiray. Ritisiray asistió a la boda con el corazón
destrozado, y en su cerebro imaginaba horrorosos pensamientos. Una noche
tempestuosa, en que la furia de los truenos azotaba Callca, Pitusira huyo a las
alturas en busca de su amado; luego de encontrarse, subieron muy arriba, a la
cordillera; pero Dios quiso castigarlos y convirtió a Pitusira en un monolito
de piedra junto con su amado Ritisiray. Desde entonces es que ese cerro
permanece siempre nevado y siempre frío.

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