La maceta vacía
Hace muchos siglos, en China,
gobernaba un emperador muy sabio. Ya era anciano y no había tenido hijos que
heredaran su trono.
A este emperador le gustaba la
jardinería, por eso, mandó traer a palacio a un grupo de niños y niñas de
diferentes provincias. A cada uno de ellos le daría una semilla y, quien
trajera en un año las flores más hermosas, heredaría el trono.
La mayoría de niños que acudieron
a por las semillas eran hijos de familias nobles, a excepción de uno, Ping, el
de la provincia más pobre. Este había sido enviado por sus dotes como
jardinero.
El joven Ping llegó a su casa y
plantó la semilla en una maceta. La cuidó con mucho cariño durante un tiempo,
pero la planta no brotaba.
Llegó el día de presentar las
plantas al emperador. Ping llevó su maceta vacía, mientras otros niños tenían
macetas con hermosas flores. El resto de niños se burlaban de él.
El emperador se acercó y dijo a
los presentes:
—Sepan que todas las semillas que
entregué eran infértiles. No podían dar flores. Ping es el único que ha sido
honesto y leal, por eso será el emperador.
Es así como Ping se convirtió en
uno de los mejores emperadores del lugar. Siempre se preocupó por su pueblo y
gestionó su imperio con prudencia.
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