• Breaking News

    viernes, 8 de marzo de 2024

    El viejito corazon de manzana - Cuento andino del Perú

     


    En un pueblo de un país lejano vivía hace tiempo un anciano muy

    pobre. No tenía familia, y se ganaba la vida haciendo un trabajo

    por aquí y otro por allá en los pueblos vecinos. Todo el mundo

    lo quería porque a pesar de ser viejito y pobre siempre estaba alegre y

    porque era muy bueno y muy ingenioso para hacer pequeños trabajos.

    Un día, mientras comía una manzana en la puerta de su choza, se puso

    a pensar que era muy triste que en toda la región hubiese gente que

    pasaba hambre, aunque allí abundaba la fruta en la huerta. “Soy pobre,

    ya estoy viejo y no sé mucho, pero algo debe haber que yo pueda

    hacer para que la gente sea más feliz”, se decía mientras daba el último

    mordisco a la jugosa manzana. De pronto sonrió. “Ya sé lo que voy a

    hacer ¿Cómo no se me había ocurrido antes?”, pensó. Y a partir de ese

    día, cada vez que le hacía un trabajo al dueño de una huerta, le pedía

    que le pagara la mitad en manzanas. Regresaba muy feliz a su choza,

    comía las manzanas e iba guardando los corazones en su costal, por lo

    que la gente terminó llamándolo el Viejito Corazón de Manzana.

    El viejito se levantaba al amanecer, y se iba a trabajar llevando un

    largo palo sujeto a su costal con corazones de manzana. Algunos niños

    que lo seguían lo vieron muchas veces detenerse de trecho en trecho

    para colocar ahí un corazón de manzana, que tapaba con un poco de

    tierra.

    Muchas veces hizo lo mismo durante toda la primavera y parte del verano.

    Al año siguiente hizo lo mismo, y así siguió durante varios años.

    A veces alguien le ofrecía un trabajo y una vivienda más cómoda, pero

    él no aceptaba. “Tengo mucho trabajo, y necesito independencia”, decía. Y así continuó viviendo hasta que murió.

    Mientras tanto, por todos los caminos habían comenzado a crecer manzanos.

    En otoño los niños, los caminantes, la gente más pobre, todos,

    al pasar por los caminos de ese pueblo y otros vecinos se detenían a

    coger una manzana y saborearla. ¡Qué felicidad tener manzanos en los

    caminos! ¿Quién los habrá plantado? ¿Habrá sido el alcalde?, preguntaban

    los forasteros. Y la gente de todos los pueblos les contestaban

    sonriendo: “No, señor. Fue el Viejito Corazón de Manzana”.




    No hay comentarios:

    Publicar un comentario

    Historia

    Tecnologia

    Cultura