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    martes, 9 de enero de 2024

    Del pueblo Pillao, leyenda de Pasco


     

    Cerca de la hacienda Alcas, en las ruinas del pueblo Pillao, existen dos fajas de piedra en forma de serpientes, una blanca y otra roja. En este pueblo no hay habitantes, ahora. Cuenta la leyenda que había una mujercita en estado grávido, y en su sueño tuvo una revelación: en lugar del hijo que esperaba, daría a luz dos huevos, de los cuales saldrían dos culebras; y que esos huevos los colocara en un mate y que depositara todos los días leche en el mate. En sueños sucesivos una voz le dijo que no se asustara de las serpientes, porque serían sus hijos, y que los amamantara hasta cuando fueran grandes. Al cabo de un tiempo tuvo otro sueño en el que le avisaban que esas dos serpientes devorarían a los habitantes de este pueblecito, y que ella huyese, pero que lo hiciera sin volver la vista hacia atrás, porque si no obedecía, se convertiría en piedra. Y así sucedió, porque la mujer, al tiempo de irse, con el instinto de curiosidad, volvió la vista, y quedo convertida en piedra, la cual existe actualmente. Las dos serpientes devoraron a los habitantes de dicho pueblo, muriendo la mayor parte y huyendo los otros. Una vez consumada esta matanza, las serpientes se dirigieron a otro pueblo, con el mismo fin; pero las matanzas que estas serpientes realizaban llegaron a oídos de dos indios, que salían de la montaña; hombres fornidos estos, uno de ellos se llamaba Yunca Yacan y el otro Tomas Ricapan. Ambos prometieron matar a las serpientes; y como sabían que las serpientes no ven a la salida del sol, las esperaron a esta hora, en las alturas de un cerro; y así fue como cortaron las cabezas de las serpientes que rodaron a un río que corre al pie del cerro, convirtiéndose ambas en piedras, las cuales existen en la actualidad. También los dos hombres están convertidos en piedras en dicho cerro y todos los arrieros que pasan por ese sitio les dejan puñados de coca y cigarros. Es cosa curiosa como el río, al ser distinguido desde cierta distancia, parece un río de sangre, pero al llegar a sus orillas se ve que sus aguas son cristalinas. También se cuenta que los pobladores de Pillao, en su huida, se llevaron la imagen de San Pedro, que era el patrón del pueblo, pero que dicha imagen desaparecía del lugar donde la llevaron y aparecía nuevamente en Pillao; y esto sucedió repetidas veces, hasta que optaron por dejarlo en las minas de Pillao, en una cuevita, después de haberle mandado decir su misa; y actualmente se encuentra en ese sitio, donde es muy venerado, quedando del pueblo solo ruinas.



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