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    martes, 9 de enero de 2024

    El feretro ambulante leyenda de Puno

     


    En Ayaviri, cuando las noches no eran alumbradas por lámparas y aún no se había instalado las calles, la gente salía solamente en las noches que había luna.

    Contaban los noctámbulos que, en ese tiempo, pasadas las doce de la noche, el féretro que se guardaba en la iglesia, y que era un rústico ataúd de palos, en el que se llevaba los restos de todos los pobres que no podían costearse el cajón; ese féretro salía de noche a recorrer las calles, produciendo un ruido macabro, como de osamenta que se tumba y se levanta. Cuenta un vecino antiguo, que, al tener noticia de esta leyenda, se aventuró a subir a la torre de la iglesia, para comprobar si era efectivamente cierta la historia de que el féretro salía en las noches de luna; y observo que, pasadas las doce de la noche, crujió el féretro dando tumbos; y se dirigió al centro de la plaza. Movido por el susto, el hombre toco la campana y fue entonces cuando el féretro precipitadamente regreso a la iglesia; al poco rato nuevamente salió el féretro y avanzo hasta la esquina opuesta de la plaza; el observador toco la campana, y el féretro nuevamente regreso al templo.

    Por tercera vez volvió a salir el féretro; y entonces, el observador quiso percatarse hacia qué lugar se dirigía; y con gran asombro vio que el féretro doblaba una de las calles y entraba en la casa de una familia apellidada Bustinza; y que de esta salió conducido por cuatro hombres vestidos de negro, que llevaban cuatro velas encendidas; y traían un cadáver. El observador se retiró tembloroso y estupefacto. Y a los ocho días murió un miembro de dicha familia. Por esto ha quedado la tradición de que ocho días antes de que fallezca un vecino, el féretro se anticipa.



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