Se dice que unos peones tenían que cargar un tronco de
regular tamaño y llevarlo a una distancia de cinco kilómetros. Este tronco era
deforme y muy pesado. Ya faltaba poco para llegar al lugar donde deberían dejar
el tronco; y este se iba volviendo más y más pesado; de modo que los peones
quisieron cortarlo; y al primer hachazo que le dieron, el tronco vertió sangre.
Ya no le siguieron hacheando y continuaron su camino; y sucedió que el tronco,
de tan pesado que era, se volvió liviano; y al llegar al pueblo abrieron el
tronco, sacaron de su centro al Señor de Marcabalito, y del madero le hicieron
su cruz.
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